Qué es la Meditación: raíces, definiciones y vías de práctica.
Del sánscrito:
El término se refiere, por tanto, el acto de la contemplación consciente o la atención sostenida.
En la tradición del yoga, dhyāna no alude al movimiento de la mente, sino a su capacidad de permanecer estable, clara y presente sobre un objeto de observación.
“Una mente concentrada es una mente feliz”
~ Swami Sivananda ~
En el sistema “Ashtanga Yoga” propuesto por Patanjali, lo que comúnmente llamamos “meditación” se divide en dos etapas consecutivas de los ocho pasos (angas), del “Asthanga Yoga”: Dhāraṇā y Dhyāna.
Antes de la meditación propiamente dicha, debe existir la concentración. Patanjali define Dhāraṇā como:
“Deshabandhash chittasya dharana”
“La concentración es fijar la conciencia (chitta) en un solo punto o lugar determinado”.
En esta etapa, la mente aún hace un esfuerzo activo por volver al objeto de enfoque cada vez que se distrae. Es el paso previo indispensable.
La meditación real comienza cuando ese esfuerzo se vuelve fluido. Patanjali define Dhyāna como:
“Tatra pratyaya ekatanata dhyanam”
“La continuidad ininterrumpida de la atención hacia un mismo objeto es meditación”.
Maestros del Yoga de los siglos XIX, XX y comienzos del XXI, cuyas enseñanzas han sido clave en la transmisión del yoga clásico al mundo contemporáneo.
En las enseñanzas clásicas, la meditación no se entiende como una técnica aislada, sino como un proceso de interiorización de la conciencia.
Los grandes maestros de la tradición la describen como el medio para aquietar la mente, retirar la atención de los sentidos y orientar la experiencia hacia el conocimiento del Ser.
• Swami Vivekananda (1863–1902) · Finales del S. XIX – comienzos del S. XX
En su obra Raja Yoga, define la meditación como:
“Meditation is the continuous flow of thought towards the object of meditation”.
“La meditación es el flujo continuo del pensamiento hacia el objeto de meditación”.
Para Vivekananda, la práctica no consiste en esfuerzos dispersos, sino en una atención sostenida y estable, capaz de conducir progresivamente a la quietud interior y a la concentración profunda.
•Swami Sivananda (1887–1963) · Finales del S. XIX – S. XX
Concentration and Meditation, Divine Life Society, Rishikesh (India).
Define la meditación (dhyāna) como:
“Meditation is a continuous and unbroken flow of ideas or consciousness towards the object of meditation”. “La meditación es un flujo continuo e ininterrumpido de ideas o conciencia hacia el objeto de meditación”.
Para Sivananda, la meditación es el camino real hacia la liberación, a través del cual el aspirante descubre su verdadera naturaleza y alcanza la paz interior. Desde su perspectiva, no se trata de un ejercicio mental intermitente, sino de una continuidad de atención cultivada mediante la práctica regular.
•Paramahansa Yogananda (1893–1952) · Finales del S.XIX – S.XX
Para Yogananda, la meditación es el proceso mediante el cual la conciencia se retira de los sentidos y se interioriza, permitiendo al practicante percibir directamente la realidad del Ser. Enseña que, cuando la mente deja de identificarse con el cuerpo y con los estímulos externos, la atención puede dirigirse al interior, donde se revela la verdadera naturaleza del alma (Atman).
“By meditation the mind is gradually freed from the domination of the senses and is able to perceive the inner reality of the soul.”
“Por medio de la meditación, la mente se libera gradualmente del dominio de los sentidos y se vuelve capaz de percibir la realidad interior del alma”.
•B. K. S. Iyengar (1918–2014) · S.XX – comienzos del S.XXI
Iyengar subraya que la meditación surge de la integración de cuerpo, respiración, sentidos y mente. No comienza directamente en la mente, sino que se construye progresivamente a través de asana, pranayama y pratyahara (retirada de los sentidos), hasta que la atención se vuelve naturalmente estable.
“La meditación no puede imponerse a una mente dispersa; nace cuando el cuerpo está quieto, la respiración refinada y los sentidos recogidos.”
– Light on the Yoga Sutras of Patanjali – , comentario a II.54–55